Algo sobre mí y mis obras

 

Amo definirme “Una artesana del arte” porque mi objetivo es realizar una obra que cree una emoción en mi referente y ya esta práctica del “bonito hacer” representa para mí un gran privilegio porque me permite tener una relación inmediata con las emociones ajenas y, por eso, mi creatividad está entendida como una forma recíproca de generosidad, una poderosa concesión de energía de donar y recibir al mismo tiempo. A los animales, que representan un importante componente de mi vida, habiendo vivido por muchos años en el campo junto con perros y gatos, he dedicado mis más recientes obras en acrílico. Después de las acuarelas de la “Naturaleza muerta” y de los “Pórticos de Bolonia” que presenté en una exposición titulada “Atmosferas cotidianas”, empecé a realizar retratos de amigos con su mascota. En la antigua complicidad entre el hombre y el animal ocurre un enriquecimiento recíproco de gran intensidad y en muchos aspectos misterioso y mágico. Realizo retratos con la aspiración que surja de la intensidad emotiva de la relación entre la persona y el animal que se sublima en una relación entre almas. Estoy acostumbrada a contar el episodio que constituye una verdadera “iniciación” en la elección de este tema. Hace años, me encontraba en casa de una amiga, Giorgia, y, cuando le pregunto de su gato, lo coge en brazo. Había una estupenda luz que entraba por la ventana y el color del jersey y del pelo de mi amiga, creaban un efecto muy bonito. Teniendo la bonita costumbre de llevar en el bolso una de esas maravillosas cámaras digitales para tomar instantáneas, la cojo y me preparo para sacar una foto. Mi amiga me recomienda que no tome una foto de ella, sino sólo del gato! Yo no respeté lo que me parecía sólo una extravagancia, y saqué la foto incluyendo también a ella, foto que me gustó muchísimo. Era tan bonita que me empujó a experimentar por primera vez la realización de retratos en acrílico, que quedaba en el fondo de mis deseos. Hecho este primer retrato, con cierta dificultad y emoción, quedé muy satisfecha de ello. Deseé mostrarlo a Giorgia, aprovechando una reunión con otras amigas. Nada más mostrarle el cuadro, gimió de sorpresa, tambalea hacia mí y le sale un hipo sofocado. A este punto me llené de miedo suponiendo su reacción, debida a no haber respetado su prohibición de fotografiarla. Me acerqué, pidiéndola perdón, pero ella susurra:“¡No! No es por aquello. Estoy emocionada porque…porque yo, habitualmente, no me agrado…pero en este retrato…en cambio, ¡sí! Has representado una parte de mí que no conocía…, ahí, ¡me agrado mucho! Como puede imaginarse, todas las presentes nos echamos a llorar por la emoción. Este episodio ha sido fundamental en mi siguiente producción de “retratos con animales” y me ha animado profundamente a proseguir en este tema, donde el rostro de la persona llega a ser tan dulce por la presencia del “Amigazo” y pierde el, a menudo típico, aire autorreferencial. La palabra “Amigazo”, referida al animal, nace del título que Giorgio Celli, etólogo y crítico de arte de fama internacional, dio a mi tercera exposición personal, en mayo de 2008, en la Galería IL PUNTO de Bolonia, que él presentó. De hecho, a esta exposición dio el título: “Amigos, mejor dicho, ¡Amigazos!”.

Giorgio Celli, del cual hice el retrato con su gato Ciro y del cual existe mi gran cuadro expuesto en los muros del Callejón de los Gatos en Tolé, pueblito en la provincia de Bolonia, ha querido subrayar el espíritu de la exposición con estas palabras que resumen la filosofía de mis obras:
“La relación entre el hombre y los animales, en particular las mascotas, perros y gatos pero también caballos, va creciendo en importancia con el tiempo, asumiendo las formas, para algunos de una manía, pero para otros de una verdadera amistad de igualdad. Los perros y los gatos están llegando a ser cada vez más nuestros irrenunciables compañeros en el camino de la vida, nos reconocemos en ellos y nos encontramos, y estamos convencidos cada vez más de que no son robot, como pensaba Cartesio, sino seres capaces de sentimientos y de acciones inteligentes. Anna Rita Dallolio es una pintora que ha decidido dedicar su trabajo a esta relación, elaborando unos retratos en los que los “padrones”, como se decía en un tiempo, y sus amigos del hogar, aparecen juntos, y entre los dos amigazos parece fluir, en todos estos retratos, no sólo una corriente de simpatía, sino, se podría afirmar, incluso una semejanza de carácter. Lo que no es difícil de entender, porque el hombre siempre tiende a elegir el animal del que le está más agradecida la etología. Si se trata de una persona independiente, va a amar los gatos, que lo son igualmente, si es propenso al mando es más probable que sus elecciones se vayan a los perros, que son más proclives a la obediencia. En los cuadros de la pintora Dallolio esta consonancia está declarada de manera explícita: la señora mayor tiene un gato lleno de afecto, el viejecito vivaz un gatito de ojos pilluelos, el joven esta junto con un animal lleno de vida, y si se trata de una persona un poco extravagante exhibe incluso una tortuga. En estos retratos dobles la pintora ha demostrado estar dotada de un verdadero intuito etológico”.

Mi formación

es el Bachillerato Artístico del colegio de Arte de Bolonia, la Licenciatura en Arte conseguida en el D.A.M.S. de Bolonia y decenas de actividades desarrolladas en los sectores de la decoración, moda y gráfica editorial.

Contactos

Si quieres tener un retrato con tus amigos del hogar, o hacer un regalo a una persona querida, tal vez para celebrar una fecha importante, escríbeme.
Habitualmente realizo personalmente la fotografía, luego pinto el retrato en acrílico sobre lienzo con medidas 50×50 o 40×40 cm, u otras bajo pedido. Puedo también utilizar una bonita foto tuya o, si lo agradeces, puedo ayudarte a que hagas tú la foto, aconsejándote en cómo prefiero el encuadre.
Aunque prefiriendo reproducir personas con su animal por el particular sentimiento que siento y que intento transferir en mi obra, realizo también cualquier tipo de retrato, de personas solas o de animales solos, utilizando eventuales fotos existentes. Puedo también realizar retratos de personas con su animal no más viviente, con que exista una foto del animal suficientemente nítida.
Agradezco hacer personalmente, posiblemente siempre, la entrega del cuadro, porque he descubierto ser una experiencia incomparable y sugestiva. De hecho, se desencadena un conjunto de fuertes emociones tanto para quien entrega como para quien recibe. Tal vez porque, realizando el retrato, mi sensibilidad ha elegido entre infinitas posibilidades esa imagen que sublima la relación entre los dos seres representados y quien recibe el retrato descubre un aspecto suyo que a menudo no conocía.

Para cualquier información, escríbeme a la dirección mail: ardall@libero.it

 

Entrega de uno de los cuadros de Anna Rita Dallolio

Anna Rita Dallolio con su marido Pier Francesco Serena

Amo definirme “Una artesana del arte” porque mi objetivo es realizar una obra que cree una emoción en mi referente y ya esta práctica del “bonito hacer” representa para mí un gran privilegio porque me permite tener una relación inmediata con las emociones ajenas y, por eso, mi creatividad está entendida como una forma recíproca de generosidad, una poderosa concesión de energía de donar y recibir al mismo tiempo. A los animales, que representan un importante componente de mi vida, habiendo vivido por muchos años en el campo junto con perros y gatos, he dedicado mis más recientes obras en acrílico. Después de las acuarelas de la “Naturaleza muerta” y de los “Pórticos de Bolonia” que presenté en una exposición titulada “Atmosferas cotidianas”, empecé a realizar retratos de amigos con su mascota. En la antigua complicidad entre el hombre y el animal ocurre un enriquecimiento recíproco de gran intensidad y en muchos aspectos misterioso y mágico. Realizo retratos con la aspiración que surja de la intensidad emotiva de la relación entre la persona y el animal que se sublima en una relación entre almas. Estoy acostumbrada a contar el episodio que constituye una verdadera “iniciación” en la elección de este tema. Hace años, me encontraba en casa de una amiga, Giorgia, y, cuando le pregunto de su gato, lo coge en brazo. Había una estupenda luz que entraba por la ventana y el color del jersey y del pelo de mi amiga, creaban un efecto muy bonito. Teniendo la bonita costumbre de llevar en el bolso una de esas maravillosas cámaras digitales para tomar instantáneas, la cojo y me preparo para sacar una foto. Mi amiga me recomienda que no tome una foto de ella, sino sólo del gato! Yo no respeté lo que me parecía sólo una extravagancia, y saqué la foto incluyendo también a ella, foto que me gustó muchísimo. Era tan bonita que me empujó a experimentar por primera vez la realización de retratos en acrílico, que quedaba en el fondo de mis deseos. Hecho este primer retrato, con cierta dificultad y emoción, quedé muy satisfecha de ello. Deseé mostrarlo a Giorgia, aprovechando una reunión con otras amigas. Nada más mostrarle el cuadro, gimió de sorpresa, tambalea hacia mí y le sale un hipo sofocado. A este punto me llené de miedo suponiendo su reacción, debida a no haber respetado su prohibición de fotografiarla. Me acerqué, pidiéndola perdón, pero ella susurra:“¡No! No es por aquello. Estoy emocionada porque…porque yo, habitualmente, no me agrado…pero en este retrato…en cambio, ¡sí! Has representado una parte de mí que no conocía…, ahí, ¡me agrado mucho! Como puede imaginarse, todas las presentes nos echamos a llorar por la emoción. Este episodio ha sido fundamental en mi siguiente producción de “retratos con animales” y me ha animado profundamente a proseguir en este tema, donde el rostro de la persona llega a ser tan dulce por la presencia del “Amigazo” y pierde el, a menudo típico, aire autorreferencial. La palabra “Amigazo”, referida al animal, nace del título que Giorgio Celli, etólogo y crítico de arte de fama internacional, dio a mi tercera exposición personal, en mayo de 2008, en la Galería IL PUNTO de Bolonia, que él presentó. De hecho, a esta exposición dio el título: “Amigos, mejor dicho, ¡Amigazos!”.

Giorgio Celli, del cual hice el retrato con su gato Ciro y del cual existe mi gran cuadro expuesto en los muros del Callejón de los Gatos en Tolé, pueblito en la provincia de Bolonia, ha querido subrayar el espíritu de la exposición con estas palabras que resumen la filosofía de mis obras:
“La relación entre el hombre y los animales, en particular las mascotas, perros y gatos pero también caballos, va creciendo en importancia con el tiempo, asumiendo las formas, para algunos de una manía, pero para otros de una verdadera amistad de igualdad. Los perros y los gatos están llegando a ser cada vez más nuestros irrenunciables compañeros en el camino de la vida, nos reconocemos en ellos y nos encontramos, y estamos convencidos cada vez más de que no son robot, como pensaba Cartesio, sino seres capaces de sentimientos y de acciones inteligentes. Anna Rita Dallolio es una pintora que ha decidido dedicar su trabajo a esta relación, elaborando unos retratos en los que los “padrones”, como se decía en un tiempo, y sus amigos del hogar, aparecen juntos, y entre los dos amigazos parece fluir, en todos estos retratos, no sólo una corriente de simpatía, sino, se podría afirmar, incluso una semejanza de carácter. Lo que no es difícil de entender, porque el hombre siempre tiende a elegir el animal del que le está más agradecida la etología. Si se trata de una persona independiente, va a amar los gatos, que lo son igualmente, si es propenso al mando es más probable que sus elecciones se vayan a los perros, que son más proclives a la obediencia. En los cuadros de la pintora Dallolio esta consonancia está declarada de manera explícita: la señora mayor tiene un gato lleno de afecto, el viejecito vivaz un gatito de ojos pilluelos, el joven esta junto con un animal lleno de vida, y si se trata de una persona un poco extravagante exhibe incluso una tortuga. En estos retratos dobles la pintora ha demostrado estar dotada de un verdadero intuito etológico”.

Mi formación

es el Bachillerato Artístico del colegio de Arte de Bolonia, la Licenciatura en Arte conseguida en el D.A.M.S. de Bolonia y decenas de actividades desarrolladas en los sectores de la decoración, moda y gráfica editorial.

Contactos

Si quieres tener un retrato con tus amigos del hogar, o hacer un regalo a una persona querida, tal vez para celebrar una fecha importante, escríbeme.
Habitualmente realizo personalmente la fotografía, luego pinto el retrato en acrílico sobre lienzo con medidas 50×50 o 40×40 cm, u otras bajo pedido. Puedo también utilizar una bonita foto tuya o, si lo agradeces, puedo ayudarte a que hagas tú la foto, aconsejándote en cómo prefiero el encuadre.
Aunque prefiriendo reproducir personas con su animal por el particular sentimiento que siento y que intento transferir en mi obra, realizo también cualquier tipo de retrato, de personas solas o de animales solos, utilizando eventuales fotos existentes. Puedo también realizar retratos de personas con su animal no más viviente, con que exista una foto del animal suficientemente nítida.
Agradezco hacer personalmente, posiblemente siempre, la entrega del cuadro, porque he descubierto ser una experiencia incomparable y sugestiva. De hecho, se desencadena un conjunto de fuertes emociones tanto para quien entrega como para quien recibe. Tal vez porque, realizando el retrato, mi sensibilidad ha elegido entre infinitas posibilidades esa imagen que sublima la relación entre los dos seres representados y quien recibe el retrato descubre un aspecto suyo que a menudo no conocía.

Para cualquier información, escríbeme a la dirección mail: ardall@libero.it

 

 

Entrega de uno de los cuadros de Anna Rita Dallolio

Anna Rita Dallolio con su marido Pier Francesco Serena